El jurado del concurso, compuesto por destacados profesionales del sector vitivinícola, ha distinguido la singularidad del Crianza de Dominio Fournier, bodega – González Byass – situada en un lugar escondido y privilegiado a orillas del río Duero y donde el amor por el detalle guía la elaboración de sus vinos. Desde los primeros brotes de la primavera hasta los otoños de vendimia, experiencia, pasión y compromiso guían los pasos de Dominio Fournier.
La muestra de esta filosofía es Dominio Fournier Crianza 2016. Elaborado con uvas seleccionadas y vendimiadas manualmente, permanece 12 meses en barricas de roble francés, un tiempo que le otorga complejidad y personalidad y permite aflorar los aromas terciarios resultado de su crianza. En boca es fresco, untuoso y elegante, dejando un recuerdo muy agradable y alta persistencia. Es un vino armonioso y equilibrado, perfecto para maridar con quesos fuertes y carnes.
]]>Beronia Reserva 2014 (D.O. Ca. Rioja) ha sido reconocido con 92 puntos por Wine Spectator — una de las publicaciones más prestigiosas de Estados Unidos — situándose entre los mejores vinos de España “Top Values from Spain”.
Su comité ha valorado en una cata a ciegas más de 15.000 vinos procedentes de todas partes del mundo. Una alta puntuación para nuestro Rioja Reserva, elaborado a partir de la selección de los viñedos más añejos de Tempranillo, Graciano y Mazuelo, con una maceración prefermentativa en frío y una fermentación controlada con remontados periódicos, para extraer el color y los aromas deseados. A continuación, permanece durante 20 meses en barricas mixtas de roble francés y americano, para conseguir una evolución pausada y armónica.
Como resultado un vino atractivo y sugerente en nariz, con acidez equilibrada, gran volumen y un final goloso y seductor en boca. Perfecto para acompañar asados, chuletillas a la brasa, embutido ibérico o quesos curados.
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Hay pocos lugares que acaben siendo rincones de inspiración para profesionales de despacho como yo, acostumbrada al silencio absoluto y a la única luz de las pantallas de mis ordenadores. Pero sí tengo que admitir que hay un espacio en el universo que me recarga las pilas, porque es necesario y saludable hacerlo de vez en cuando, que está en el sur de España, muy cerquita de mi tierra natal y que, cada vez que voy pierdo la noción espacio-tiempo, siento que el mundo se congela a mi alrededor mientras saboreo una copa de palo cortao y mis ojos se pierden fijamente mirando a Doñana…
Siento que podría dialogar con Lorca sobre las mareas, que el maestro Dalí podría dibujarlas con solo hablarle dos cositas de ellas; posteriormente, Bruñel dejaría constancia de ello tras haber compartido conmigo este plato de acedías de Sanlúcar que tanto me gusta maridar con mis queridos vinos de Jerez.

Y es que la gastronomía del Mirador de Doñana está ligada intrínsecamente al Arte. Yo veo arte en cada centímetro cuadrado de este restaurante, en cada gota de sangre que corre por las venas de esta gente que hace posible la magia de este local: Es un mirador, sí. Pero también podría haber sido un soñador, porque invita a soñar despiertos, a perdernos durante la comida en cosas tan insignificantes como la nada. Esa nada que finalmente te lleva a pensar en cosas mejores de las que normalmente sueles tener en la cabeza. A menudo olvidamos que hemos venido al mundo con todas las herramientas necesarias para ser felices, sin embargo, vivimos tiempos locos en los que nosotros mismos desconectamos nuestra propia maquinaria y dejamos de funcionar como es debido. Pues bien, el resultado es magnífico, mientras estás degustando estos exquisitos manjares de la bahía, tu cuerpo y tu mente están conectando de nuevo como nunca, en un halo de bienestar que pocas veces son posibles durante el día a día que nos consume y nos devora esclavizados al trabajo y obedeciendo mecánicamente a otros demonios que poco tienen que ver con la vida que hemos venido a vivir.
Finalmente, sales renovado, no con ganas de no regresar a tu vida de siempre, sino con ganas de volver más que nunca para hacer todo lo que te queda por hacer, para hacerlo mejor y con más ganas que nunca, para enmendar errores que ahora ves y antes no. Ahora ya sabes dónde encontrar el descanso del guerrero y dónde renacer siempre que lo necesites.
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La Radio es un medio de comunicación para el que naces y eso lo he aprendido de uno de los grandes, Carlos Herrera. También tiene que gustarte la gastronomía y en eso, Carlos y yo, somos dos auténticos pecadores confesos. Precisamente, el lunes empecé la semana con la noticia de que el Jurado de los Premios Nacionales de Gastronomía 2015 formado por las Juntas Directivas de la Real Academia de Gastronomía, de la Cofradía de la Buena Mesa y de la Asociación de Amigos de la Real Academia de Gastronomía, y por los presidentes de las Academias Autonómicas de Gastronomía, le ha concedido a Carlos Herrera el Premio Nacional de Gastronomía 2015, a la mejor labor periodística.
Carlos se lo merece. Se lo ha ganado por ser precisamente un gran amante de la buena vida, y no me refiero al consumo desmedido, no. Quien conoce a Carlos sabe que es un hombre que distingue los pequeño placeres, los que no cuestan tanto pero que te satisfacen del todo. No tengo reloj para contar las horas que pasé viéndole hacer sus programas en Onda Cero; la hora de los fósforos me encantaba, había historias para destornillarse de la risa. Pero si una manía acabé adquiriendo de él fue la de hacer Radio bajo la tenue luz de un flexo. Es que no hay color.
Recuerdo que un día dijo al llegar a la redacción: «Hemos venido a disfrutar, si no qué tipo de trabajo es este«. No se puede describir mejor este medio de comunicación, que es la Radio. Y es que Carlos no ha entendido nunca la vida sin la Radio ni un programa sin gastronomía. De ahí que lleve años incluyendo estos temas en su escaleta de contenidos.
Un hombre feliz, de ideas claras, que dejó aparcada la Medicina para curarnos de aburrimiento. Así lo veo yo.
Enhorabuena maestro.
]]>Un buen amigo llevaba meses diciéndome que tenía que ir a conocerlo, que me iba a encantar; y qué razón tenía. Las instalaciones están preparadas para albergar bodas, comuniones, fiestas privadas, congresos y cualquier tipo de reunión en masa, de esas grandes fiestas que me gusta organizar a mí, pues el espacio es inmenso y está acondicionado de manera flexible para todo tipo de exigencias y/o necesidades.

En la visita a las instalaciones, puedo deciros que perdí la cuenta cuando los numerosos salones, cada uno con personalidad propia, sus cocinas anexas y rincones diseñados con mucho gusto para el momento de las copas. Incluso hay un espacio reservado para el deporte, donde los más mayores pueden practicar minigolf y los más pequeños disfrutar de columpios y otras atracciones.

Llegamos a una pequeña capilla que, aunque sin imágenes religiosas de ningún tipo en su interior, hacía las veces de templo semicubierto para el Amor, donde las parejas deciden dar el «Sí, quiero» en un entorno fascinante, con bancas al más puro estilo chill-out y ladrillos toscos que combinaban con la madera rústica del campo. ¡Daban ganas de casarse!

Atravesando varios jardines donde se pueden ofrecer cócteles o aperitivos, llegamos a un tentadero, un rincón de arte para la suelta de vaquillas y muy valorado por los extranjeros.
La visita acabó en el restaurante, donde pude entender, ya sin ninguna duda, el encanto global de aquel lugar: La gastronomía. La propiedad lo tiene claro, cuidan muchísimo los detalles. De este modo, es posible encontrarse un olivo dentro de uno de los salones, o una cascada enorme poniendo música al transcurrir de la cena… Pequeñas cosas que hacen que, todo lo que comas o bebas aquí, te transporte a un paraíso, el que tu quieras, el que tu imagines más hermoso en tus sueños.

Y como los sueños son tan distintos para cada persona, comprenderán que el titular de este artículo no hace justicia al contenido. No pierdan la oportunidad entonces de visitar el Complejo el Olivar. Nosotros fuimos a comer y a tomar unas copas en la terraza, pero salimos de allí con la seguridad de que algo grande tendremos que celebrar allí muy pronto. Piénsenlo, siempre hay algo que celebrar.


Camino del Olivar, 9, 28806
Alcalá de Henares, Madrid
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Cuando inicié este proyecto. Me dije a mi misma que si había un establecimiento que no mereciera formar parte de la UGE, sencillamente no entraría, lo obviaría sin más. Aquí no estamos para criticar ni para hundir los negocios de nadie, estamos para disfrutar, en positivo, para recomendar sólo lo bueno, para hablar de lo que nos gusta, de las cocinas de donde salen platos de verdad, elaborados con honradez, sentido común y exquisita materia prima. Del resto, ya hablan otros críticos a los que les pagan por hacer bueno lo malo.
Por eso hoy les voy a dar algunas pautas para que sepan reconocer un buen espacio de gastronomía.
Hay varias cosas que valoro muchísimo cuando uno va a comer y lleva hambre, lo que quiere es comer. Nos da exactamente igual que la vajilla sea china, de barro o de gres, lo que queremos es saciar el apetito de la manera más placentera posible. En resumen, que la comida sea lo mejor que hagan allí. Hace tiempo que aprendí que la fachada del establecimiento no lo es todo. Es habitual encontrar grando se dispone de instalaciones tan caras y herramientas tan modernas, no se entiende que no sean capaces de poner comida en condiciones. Por lo tanto, fuera prejuicios, hay que pasar, entrar, con ilusión, con ganas de descubrir alguna maravilla y poner los pies en su interior.

Lo primero que advertimos son los aromas, el perfume del restaurante: hay que respirar vida. Los buenos restaurantes suelen estar muy bien ventilados, eso les ayuda a mantener un aroma especial, mezcla de mantelería recién lavada y planchada y lo que se escapa de cocina anunciando gato por liebre.
Y por último, para mi la más importante de las 5 reglas, honradez. Paso automáticamente a tachar de la lista a todos aquellos locales que después de haberme puesto de comer algo que cuesta 20 euros, me cobren 50. Es posible que a veces los clientes parezcan tontos, pero no hay que confundir la prudencia con el miedo a decir lo que se piensa. A menudo, por educación, simplemente nos callamos, pagamos y nos vamos. Eso sí, no volvemos en la vida.
Estas son las cinco reglas de la Ley de compromiso que debe cumplir un buen restaurante. Ahora, elijan el tipo de restaurante que más les guste, con el tipo de ambiente que más les plazca. Todos deben cumplirla, si no, es que no merece la pena.
Muchos estaréis pensando que ya todo esto lo sabíais. Bien. El recordatorio es simplemente para decirles que aquí, en la UGE, no vamos a hablar de nadie que no cumpla estas cinco reglas.
Disfruten de la gastronomía de este domingo, amigos, y sean felices.
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Se llama Chiqui y hace unos años montó su restaurante en Jerez de la Frontera, Cádiz. Tiene un salón acogedor, con una colección de miniaturas de botellas sobre la cornisa del techo de más de 2.000 ejemplares que recorren la viga central del salón comedor. Decoración muy jerezana, con cuadros de bodegas y arrumbadores, y un bodegón delicadamente abrazado por hojas de parra en la mesa de la entrada.
Sentarse a comer aquí es lo más parecido a sentarse a comer en casa. Sin duda, este Restaurante cumple La Ley de las cinco reglas. La calidad de la materia prima y los precios están en consonancia perfecta. No hay lugar donde encontrar este plato de presa ibérica por 10€.

Y si hay un plato que sugiero con especial ahínco es la presa ibérica. Es el plato que me gusta repetir cada vez que voy, es para mí es lugar donde más me gusta la presa ibérica. Puedes pedirla con guarnición o con patatas.

Por orden, el pescado que le llega de Sanlúcar de Barrameda es una delicia. Prueba de ello el pez espada con verduras y a la plancha. Y ya con las gambas nos quitamos el sombrero, que puedes preferirlas al ajillo o cocidas; como entrantes con un fino de Jerez son ideales.

Los postres son «de otro planeta», todos caseros y del día, como la Leche frita con profiteroles.

Sin duda, un restaurante para disfrutar de una buena comida o cena, donde ir a comer cantidad y calidad.
He olvidado mencionar que, justo detrás del salón comedor, posee un salón para celebraciones y eventos. Además, cuenta con una terraza cubierta, ideal para fumadores.
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Este año decidí coger unos días de descanso en septiembre, un mes que me encanta para veranear pero que, por circunstancias de la vida, nunca antes lo había elegido para irme de vacaciones.
Tengo por costumbre ir una vez al año a Marbella, al menos una. Y este año lo hice en mis vacaciones.
Para mí es cita obligada ir a comer al Paseo Marítimo, concretamente al restaurante de mi amigo Santiago Domínguez, quien este año el Ministerio le concede la Medalla al mérito del Trabajo. El Restaurante Santiago es uno de los restaurantes más importantes de la milla de oro. Por aquí han desfilado infinidad de famosos, premios nobel de literatura, presidentes y ministros de los gobiernos del mundo, todos con un largo etcétera de nacionalidades distintas.
Santiago es ante todo un caballero de los que ya no quedan. Su negocio funciona precisamente por eso, por tener por costumbre hacer las cosas bien y con clase. Adora su trabajo y siente un profundo respeto por sus clientes; la mayoría de ellos ya se convirtieron en amigos.
Pues cada vez que me siento a su mesa, me dejo aconsejar por Santiago. Es más, ni siquiera miro la carta. Santiago me acompaña a la mesa, se asegura de que tengo las mejores vistas al mar y me invita a olvidarme de todo por un buen rato. Santiago sabe lo que me gusta y es el quien me pone los entrantes, quien selecciona mi primer plato, quien adivina lo que me apetece de segundo y lo caprichosa que soy con el postre. Todo ello siempre acompañado de un buen oloroso de Jerez en el aperitivo y un buen vino para la comida. La sobremesa del café siempre es un placer compartirla con el y aprovecharla para hablar con quien ya considero uno de los grandes genios de este país en su gremio.
Y esto es lo que hace que una quiera volver siempre: que la comida sea excelente, el trato inmejorable y el servicio exquisito. Cuando encuentro restaurantes que cumplen estas tres reglas, no sólo se ganan mi simpatía sino también todos mis respetos.
Huir de la mentira gastronómica y de estrellas que no existen ni en el cielo es lo más recomendable dados los tiempos que corren. La cocina de toda la vida, las formas que no deben perderse, la sempiterna sonrisa y el sentido común empresarial, es lo que hace posible que un negocio funcione.
Grande Santiago. Que Dios te bendiga.
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Si por algo es conocido mi buen amigo Paco Rodríguez en el mundo gastronómico es por sus famosas fabes: fabada, fabes con langosta y fabes con almejas. Hace ocho años, cuando nos conocimos, recuerdo que me senté a comer en su Restaurante madrileño sin ni siquiera imaginar que lo que me iba a comer estaba premiado y reconocido. Aterricé allí por casualidad, pero bendita casualidad… Me comí las fabes más exquisitas que había probado en toda mi vida. Lo mágico de todo esto es que pasan los años y me siguen pareciendo las mejores del mundo. ¿Por qué? Pues porque este caballero, de los que ya quedan pocos, está al frente del negocio día sí y día también.La semana pasada volví a visitar a Paco, pues eso es lo que hacemos los clientes asiduos cuando vamos a los restaurantes de los amigos, visitar al amigo y a su familia. Allí estaban su esposa Conchi y su hijo Javier, quienes le acompañan en esta tarea desde que el comenzara hace ya 40 años. Sólo faltaba su hija Verónica, que acaba de ser mamá y nos ha convertido a Paco en Abuelo! Pues bien, este aroma familiar os confieso que se ha traducido en una enorme tranquilidad para mí; Paco ha sabido transmitir a sus dos hijos la idiosincrasia del negocio y eso nos garantiza fabada para rato.
Pero no sólo de fabada vive el hombre entre estas cuatro paredes. El Restaurante la Hoja presenta una amplia variedad en carta, para elegir y para disfrutar durante horas, nada de salir corriendo nada más llenar el estómago. Si algo está mimando muchísimo esta familia es el concepto de “el tiempo para la comida”.
Todos los que eligen este restaurante saben que una vez acomodados, ha llegado la hora de disfrutar, de aparcar las prisas, el móvil, el ipad y todo lo que pueda importunar este gran momento del almuerzo. El tiempo se detiene para saborear cada uno de sus platos. Así, puedes degustar guisos tradicionales, el rabo de toro, chuletillas de cordero lechal, solomillo al cabrales o platos típicos de su tierra. Porque entrar en la Hoja es lo más parecido a entrar en Asturias, aquí tenemos un rincón del Principado, en la calle Doctor Castelo 48 de Madrid. Y como buen aficionado a la caza, no pueden dejar escapar los platos elaborados con la carne de caza en temporada. Si a todo esto le sumamos la selección de vinos que Paco hace personalmente para acompañarlos, entonces es cuando ya acabamos -como dirían nuestros abuelos- con el café, la copa y el puro. No obstante, los amantes del pescado, podrán escoger entre varias de las especialidades de la casa, aunque a mi me gusta recomendar el rodaballo y el rape a la Sidra.
El espacio es magnífico. Tienes una amplia barra a la entrada, donde tomar las primera cervezas y vinos antes de sentarte a la mesa. Dos salones que reciben el nombre de cada uno de los pintores que predominan en sus paredes: Saavedra y Alcorlo. Y el Museo de Caza, donde podrán ver cada una de las piezas que Paco ha rescatado en sus cacerías, un salón estupendo donde reunir a toda la plantilla de la Oficina para comidas de empresa o a toda la familia para celebraciones o banquetes.
No hay que olvidar la magnífica situación del restaurante, situado en la zona de Retiro-Salamanca. Un lugar donde volver siempre, porque siempre somos bien recibidos.
Reservas: 914 092 522
Horarios: De 13 a 16.30 y de 20 a 0 h.
Días de Descanso/Vacaciones: Domingos noche y lunes día entero Web Oficial: www.lahoja.es
Twitter: @LaHoja_LaFueya